Son las 6:30 de una fría mañana de invierno en Osorno, Doña Maria sabe que es hora de salir de la cama. Pero también sabe que su casa no cuenta con calefacción, así que levantarse requiere un gran esfuerzo para Doña Maria.
Doña Maria, coloca cuidadosamente su rodilla con artritis sobre el borde de la cama. Se sienta y espera a que, poco a poco, calme el dolor que siente en las piernas. Entonces, ayudándose con las manos, se levanta entre lamentos y, con las manos en las caderas, como un “saltamontes que se arrastra”, va cojeando lentamente hasta el baño, ¡Lo logre!, se dice a si misma. No solo ha despertado para ver un nuevo día, también ha conseguido mover su adolorido cuerpo.
Pero Doña Maria le preocupa algo mas: que me falle la mente, esto es lo que Doña Maria reconoce como su mayor temor, aunque de ves en cuando pierda las llaves, su cerebro todavía funciona bien.
Como muchos de nosotros al igual que Doña Maria nunca pensamos en la vejez. Pero sin darnos cuenta el tiempo pasa, y como bien menciona, su cuerpo no deja de recordarle que tiene 74 años.
Pero no tos viven esta etapa de forma tan triste como Doña Maria, muchos consideran esta etapa como los años dorados de su vida, ya que gozan de relativa buena salud y no tienen grandes preocupaciones, pero como muy bien sabemos, otros ancianos sufren “malos tiempo” y solo pueden decir: “no disfruto la vida ahora”. De ahí que es importante señalar que hoy la vejez se vive como un camino inverso, la vejez, anteriormente considerada como fuente de prestigio y sabiduría; hoy sus vidas se trasforman en un borrón y cuenta nueva respecto a sus experiencias acumuladas. No existe el lugar que se merecen en la sociedad, y en muchas ocasiones son consideradas como un estorbo y cumplen un papel meramente pasivo en la sociedad. Lo que con frecuencia crea en ellos un sentimiento de inutilidad demás de creer que quedan atrás en el acelerado mundo actual.
Es muy importante crear una conciencia social al respecto, recordar que en muchas culturas los ancianos eran los encargados de transmitir el conocimiento y los valores morales y espirituales a las siguientes generaciones. Además, si no existieran no tendríamos historia se perdería nuestra verdadera identidad. Quien le contaría entonces a nuestros hijos lo que ha sucedido en nuestras vidas mas ricas y nos llenan de alegría por algunos momentos. Las personas mayores son quien es, a pesar de sus limitaciones, comparten altruistamente sus experiencias y sus recursos con los demás esto es lo que los trasforma en “miembros valiosos dentro de nuestra sociedad”.
Como antes mencionaba es importante crear esta conciencia social enseñar a los demás a ayudar a los mayores ¿Cómo? Respetando su dignidad, escuchándolos con atención, mostrando empatía, animándolos cuando lo necesitan, incluyéndolos en nuestras actividades, ofreciéndoles ayuda práctica y lo más importante teniéndoles gran paciencia.
He ahí la importancia de estas palabras. “algunos llegamos a hasta los setenta años, quizás alcancemos hasta los ochenta, si las fuerzas nos acompañan. Tantos años de vida, sin embargo, solo traen pesadas cargas y calamidades: pronto pasan y con ellas pasamos nosotros”, este fragmento de un poema, escrito hace tres milenios confirma que envejecer siempre a sido un reto, seamos consientes con nuestros ancianos hagamos de esta etapa algo especial, para que realmente puedan decir con certeza “buena vejez, viejo pero satisfecho”.
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